El Escapulario, un signo mariano

... y un signo carmelitano ...

    Uno de los signos de la tradición de la iglesia, desde hace siete siglos, es el Escapulario de la Vírgen del Carmen.

    Es un signo aprobado por la iglesia y aceptado por la Órden del Carmen como manifestación externa del amor a María, de confianza filial en ella y como compromiso de imitar su vida.   
    La palabra "Escapulario" indica un vestido superpuesto, que llevaban los monjes durante el trabajo manual.   
    Con el tiempo se le fue dando sentido simbólico; el de llevar la cruz de cada día, como discipulos y seguidores de Jesús.
   En algunas Ordenes religiosas, como en el Carmelo, el Escapulario se convirtió también en signo de su manera de ser y de vivir.
    El Escapulario pasó a simbolizar la dedicación especial de los carmelitas a María, la Madre del Señor, y a expresar la confianza en su protección maternal; el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás. Se transformó en un signo mariano.

De las Ordenes religiosas al pueblo de Dios

.. y a otras ordenes religiosas.,,

   En la Edad Media, muchos cristianos quisieron asociarse a las Ordenes religiosas fundadas entonces: Franciscanos, Dominicos, Agustinos y Carmelitas. Surgió un laicado asociado a ellas, por medio de Cofradías o Hermandades.

    Todas las Ordenes religiosas quisieron dar a los laicos un signo de su afiliación y participación en su espíritu y en su apostolado. Este signo era parte de su hábito: la capa, el cordón, el escapulario.

    Entre los carmelitas se llegó a establecer el escapulario reducido en tamaño, como la señal de pertenencia a la Orden y a la expresión de su espiritualidad.

El Valor y el sentido del escapulario

Lo que la Virgen nos enseña...

    El Escapulario hunde sus raices en la tradición de la Orden, que lo ha interpretado como signo de protección materna de María. Tiene, en sí mismo, a partir de esta experiencia plurisecular, un sentido espiritual aprobado por la iglesia:

Representa el compromiso de seguir a Jesús, como María, el modelo perfecto de todo discípulo de Cristo. Este compromiso tiene su orígen en el bautismo que nos transforma en hijos de Dios.
La Virgen nos enseña a:
Vivir abiertos a Dios y a su voluntad, manifestada en los acontecimientos de la vida.
Escuchar la Palabra de Dios en la Biblia y en la vida, a creer en ella y a poner en práctica sus exigencias.
Orar en todo momento, descubriendo a Dios presente en todas las circunstancias.
Vivir cercanos a las necesidades de nuestros hermanos y a solidarizarnos con ellos.
 
Introduce en la fraternidad del Carmelo, comunidad de religiosos y religiosas, presentes en la iglesia desde hace más de ocho siglos, y compromete a vivir el ideal de esta familia religiosa: la amistad íntima con Dios en la oración.
Coloca delante el ejemplo de los santos y santas del Carmelo, con los que establece una relación familiar de hermanos y hermanas.
Expresa la fe en el encuentro con Dios en la vida eterna, mediante la ayuda de la intercesión y protección de María.