MOTIVACIÓN INICIAL

 ... El ser humano tiene que madurar, tiene que aprender a ser persona. Y las personas, en sentido metafórico, somos ‘recipientes’, que podemos sentirnos tanto llenos como vacíos. ‘Plenitud’ viene de ‘pleno’, que etimológicamente es lo mismo que ‘lleno’. Pues bien, la
propia oración teresiana (meditación consciente, oración centrante y oración contemplativa; así aparece estructurada en esta obra de Teresa) está planteada como un camino hacia la ‘plenitud’ de lo humano. Un viaje para llenarnos de Dios, o mejor dicho, para dejar que Dios nos llene de su amor y su verdad. “No nos imaginemos ‘huecas’ en lo interior” (C 28,10), les recuerda Teresa a sus compañeras carmelitas en ese lenguaje suyo tan directo y tan plástico. Y nos lo recuerda hoy a nosotros.
 
Uno de los grandes encantos y de los atractivos más poderosos de Camino de perfección, y sin duda uno de los rasgos más peculiares del estilo y lenguaje teresianos, es esa asombrosa capacidad para escribir dialogando con todo el mundo. Teresa escribe, y a la vez da la impresión de que está hablando con todos nosotros: con sus primeras
destinatarias (sus hermanas carmelitas), con su confesor, con el censor, con Dios, con el lector de todos los tiempos…, contigo, conmigo. Ese cortar el hilo del discurso para dirigirse a Dios (‘destapándose’ espiritualmente ante el lector) define también otro de los rasgos más fascinantes del estilo orante de esta mujer tan apasionada.
 
Teresa toma la palabra para hablar de Dios hablando de sí misma, decía C. Kaufmann. Y lo hace siempre con un lenguaje autoimplicativo, de carácter existencial, que marca toda una manera de vivir. Y así, mediado el libro de Camino, y apelando a sus primeras destinatarias, sus monjas, les dice: “Este es vuestro trato y lenguaje; quien
os quisiere tratar, depréndalo” (C 20,4). Nuevo ‘lenguaje’ pues, pero también nuevo ‘trato’, nueva forma de entender las relaciones humanas y la misma relación con Dios. Que Dios es nuevo cada momento parece ser otra consigna teresiana. Aventurarse a leer Camino supone entrar en permanente diálogo con ese Dios eterna novedad. Pero que al
mismo tiempo es lo más cercano a nosotros mismos, lo más íntimo, lo más familiar.

DINÁMICA DE LAS REUNIONES

Teresa escribió dos veces esta obra.,,

 Todos los Martes, salvo algún aviso, el Padre Fray Rafael A. de San José Abreu, ocd está llevando una serie de lecturas dirigidas de las obras de los Santos doctores del Carmelo, comenzando con nuestros padres: Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

   Comenzó con las Obras de Santa Teresa de Jesús con las moradas y algunas cartas, Las Moradas y las Fundaciones, habiendo cerrado ya el ciclo.

    En estos momentos estamos leyendo las obras de San Juan de la Cruz, hemos leido ya la Subida al Monte Carmelo, despues comenzamos con Cántico Espiritual y ahora estamos con Llama de Amor Viva.

  Nos hemos basado en el libro de "Obras Completas San Juan de la Cruz" de la Editorial de Espiritualidad ISBN: 9788470683459 ya que los comentarios, según la opinión de varios carmelitas, son amplios y se ajustan mejor al objetivo de las lecturas, sin embargo uno puede seguir las lecturas en cualquier libro de obras completas de san Juan de la Cruz.

3. CLAVES Y ESTRUCTURA GENERAL

Humanismo evangélico teresiano

En la línea de lo que llamaremos el humanismo evangélico teresiano y los así llamados cimientos de la vida interior (u oración), creemos que en la siguiente cita está una de las claves hermenéuticas de Camino de perfección:

“Algunas cosas que son necesarias tener las que pretenden

llevar camino de oración [...]

La una es amor unas con otras;

otra, desasimiento de todo lo criado;

la otra, verdadera humildad,

que aunque la digo a la postre, es la principal y las abraza todas” (C 4,4).

Y es que, salvedad hecha de lo nuclear del tema de la oración, realidad que salpica toda la obra de Camino, lo que Teresa pretende es trazar el esbozo de un nuevo “estilo de hermandad y recreación” (F 13,5). Lo que no impide que la oración sea el tema estrella, entendida siempre en su doble dimensión de ‘presencia’ y de ‘relación’. En este sentido se puede afirmar que humanismo y vida interior profunda, son los dos pivotes en torno a los que Teresa hace girar su obra. Estamos ante un nuevo estilo de vida evangélica que desemboca en la oración contemplativa. Y una oración contemplativa que potencia todo lo evangélico, todo lo humano verdadero de la vida humana.
Respecto a la estructura general de la obra y los temas configuradores de Camino, en puridad podríamos afirmar lo que sigue (M. Herráiz): los primeros capítulos versan sobre la finalidad de la reforma teresiana, desde el capítulo cuarto la autora se adentra en el tema de la ética de la comunidad cristiana (amor, libertad, humildad), y a partir del capítulo dieciséis se centra en la oración y sus variantes (con un largo excursus-comentario sobre el Padrenuestro desde el capítulo veintisiete, solapado en todo caso con el tema estrella de la oración). El obsesionante tema de la honra y la palpitante cuestión de la mujer1, serán otros temas presentes, y que no conviene soslayar.

4. PARTES Y CONTENIDO

Humanismo y Dimensión orante...

Una primera visión de conjunto, estructura por capítulos, podría ser la siguiente: finalidad de la reforma teresiana (caps. 1-3); la necesidad de una ética comunitaria para hacer una comunidad orante (caps. 4-15): amor fraterno, desasimiento y humildad; oración activa y contemplativa (caps. 16-18); oración vocal, mental, recogimiento,quietud, unión [naturaleza de la oración y sus exigencias] (caps. 19-32). Desde el cap. 27, comentario al Padrenuestro. La devoción al Santísimo Sacramento (33-35: Eucaristía). Resto de capítulos: honra, oración, tentaciones diversas..., lo que podríamos llamar los efectos de la contemplación (36-42).
Nosotros vamos a contemplar la obra desde dos grandes núcleos que remiten en puridad al peculiar humanismo evangélico teresiano, por una parte, y a la dimensión orante y vida interior, por otra.

A) El humanismo evangélico teresiano

El encuentro de Teresa con Cristo, su experiencia cristológica, va a decidir también su experiencia de lo humano, de lo humano verdadero. La plenitud de lo humano, ser uno mismo, lo descubre Teresa de la mano del Jesús de los evangelios. Esa es su mejor escuela de humanidad y de humanismo. La misma escuela a la que hoy también tenemos que volver nosotros una y otra vez.
Los llamados presupuestos de la oración, o sus cimientos, o su pedagogía oracional (la propedéutica, lo previo necesario), constituyen lo nuclear del humanismo evangélico teresiano, que se puede rastrear en los capítulos 4 al 15 de Camino. Y aquí, las tres palabras mágicas son: amor, desasimiento (libertad) y humildad, que, como dice Teresa, “paréceme andan siempre juntas” (C 10,3). “Antes que diga de lo interior, que es la oración, diré algunas cosas que son necesarias tener las que pretenden llevar camino de oración, y tan necesarias que, sin ser muy contemplativas, podrán estar muy adelante en el servicio del Señor” (C 4,3).
Junto a la tríada amor, libertad, humildad, importa llamar la atención sobre la audacia y determinación teresianas: “Regalo y oración no se compadecen” (C 4,2). Y es que en el confort (así hemos de traducir hoy el ‘regalo’ teresiano) nunca hay crecimiento. De ahí la importancia de ir más allá de una ‘cultura del sofá’, de no acomodarse, de desinstalarse. Todo lo que es valioso en la vida exige un esfuerzo encaminado siempre al crecimiento personal. Al menos eso parece indicar la consabida expresión de la Santa: la determinada determinación. Como ha dicho T. Álvarez, estamos ante el “eslogan de la ascesis teresiana”.
La “determinada determinación” es además una actitud global, que define al orante de una manera existencial y vital. En sentido metafórico remite a la lucha, al combate, a la pelea: ‘pelead’, ‘no estáis aquí a otra cosa sino a pelear’ (C 20,2). La ‘determinación’ teresiana no es una mera actividad puramente puntual, ni se puede reducir a un momento de oración en un rincón de capilla y con vela encendida. Se trata más bien de una actitud existencial, que empapa la vida toda.

B) Dimensión orante y vida interior

En esta nueva sección (desde el cap. 16) nuestra autora vuelve su mirada sobre lo nuclear de la oración, contemplada en sus diferentes variantes y recorridos, y también sus limitaciones… Aparecen los primeros pasos hacia la oración contemplativa, para seguir después con la oración en clave de meditación (meditación ‘consciente’), la oración centrante (de ‘recogimiento’, dirá Teresa), la oración contemplativa en sí y, finalmente, las relaciones entre oración y presencia.
‘En el camino hacia la contemplación’: éste podría ser el título del tema que Teresa va desarrollar fundamentalmente en los capítulos 16-19. Aparece ahora también la relación entre actividad y contemplación. Nos vamos a encontrar además con un primer esbozo de la contemplación en perspectiva teresiana.
En los capítulos 22-25 de Camino, Teresa se centra en el tema de la meditación, prestando especial atención a la oración vocal y mental. Frente a los que rechazaban entonces el valor de la oración vocal, Teresa busca infatigablemente mostrar la identidad entre ambos tipos de oración. La dignidad de la oración vocal la va a poner de manifiesto en el comentario que llevará a cabo del Padrenuestro, síntesis condensada de los grados de oración para ella (cf. CE 73, 3), y trampolín para la oración contemplativa, que siempre permanece como un don. Y porque toda oración vocal auténtica termina en oración mental, o sea, en auténtica meditación: “Si hablando estoy enteramente entendiendo y viendo que hablo con Dios…, junto está oración mental y vocal” (C 22,1; 22,3).
Teresa se alza en contra de una mera recitación mecánica de fórmulas en la oración, sea cual sea, pues junto a los labios, ha de abrirse el corazón, y la vida toda. Para ella la oración auténtica es un diálogo de amistad, lo que implica necesariamente atención a nuestro interlocutor (C 22, 1; 24, 2). No basta con un mero cumplir externo y vacío, ni con una mera recitación formal. Estamos ante una apuesta decidida por lo que vamos a llamar ‘meditación consciente’ (ya sea vocal o mental).
En los capítulos 26 al 29 (en el cap. 27 comienza el comentario del Padrenuestro) de Camino, Teresa habla de la así llamada oración de ‘recogimiento’, que nosotros vamos a traducir por ‘oración centrante’, actualizando un poco su vieja terminología. La atención a ‘Cristo’, atención personal y relacional, por una parte, y ‘entrar en’ uno mismo, el ensimismamiento, por otra, definen la estructura de esta sección. Digamos que por una parte aparece la dimensión psicológica de la oración (ese entrar en uno mismo), que implica ir más allá de la dispersión de los sentidos; y por otra parte aparece la dimensión cristológica (focalizar la atención en Cristo). En un caso y en otro se remite a lo profundo, allá donde comienza a intuirse la verdad de la vida: ‘lo íntimo del alma, lo muy hondo e íntimo, en lo más íntimo del alma’, etc.
En los capítulos siguientes se adentra Teresa en la así llamada oración de quietud, y la oración de unión, que vienen a identificarse, en términos generales, con la oración contemplativa o ‘mística’ (no conviene distraerse con viejos nominalismos).
Teresa define dicha experiencia orante con las siguientes palabras:
“Es un ponerse el alma en paz
o ponerla el Señor [en paz] con su ‘presencia’ por mejor decir
porque todas las ‘potencias’ se sosiegan.
Entiende el alma, por una manera muy fuera de entender con los sentidos exteriores,
que ya está junto cabe su Dios,
que con poquito más llegará a estar hecha una misma cosa con Él por unión” (C 31,2).
La contemplación siempre es un regalo, un don. O como dice Teresa, es “cosa sobrenatural y que no la podemos procurar nosotros por diligencias que hagamos” (C 31,2). Lo de ‘sobrenatural’ no remite a experiencias raras o extraordinarias, remite a la gracia, a lo gratuito y, en el fondo, remite a lo humano auténtico. Insiste Teresa (ahora a través de una imagen) en la gratuidad de dicha experiencia, y en que no depende nunca de nuestro esfuerzo: “Y es bobería, que así como no podemos hacer que amanezca, tampoco podemos que deje de anochecer; no es ya obra nuestra, que es sobrenatural y cosa muy sin poderla nosotros adquirir” (C 31,6).
Para terminar esta sección, no quisiéramos dejar de señalar un aspecto clave, que es el de la relación entre oración y presencia. Lo difícil siempre en Teresa (tan amplia y diversa, tan desbordante siempre) es encontrar un hilo conductor para contar y explicar su experiencia de Dios: ese hilo podría ser la experiencia de la ‘presencia’ divina. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de ‘presencia’ en Teresa? Estamos ante un concepto que nace del roce con la vida: la relación, el encuentro, la comunicación interpersonal, que se hace experiencia, diálogo vivo, entrega mutua... Presencia es conciencia de que algo/Alguien está con nosotros.
En unas sencillas palabras de Camino está condensado el método de la oración teresiana: “Procurad luego [inmediatamente], hija, pues estáis sola, tener compañía ¿Pues qué mejor que la del mismo maestro?” (C 26,1). Y más de lo mismo: “Representad al mismo Señor junto con vos...” (C 26,1). “Juntos andemos, Señor...” (C 26,6). Esa poderosa sensación de ‘presencia’ es el verdadero revulsivo de la experiencia mística teresiana.
Y no nos olvidamos del comentario al Padrenuestro. La interpretación que lleva a cabo Teresa de la oración central cristiana es un comentario libre, con digresiones continuas de oración espontánea. Desde el capítulo 27 hasta el final de Camino se extiende dicho comentario. Pero siempre con largos paréntesis y solapamientos con el tema de la oración en general y sus variantes. Hasta el punto de que uno tiene la sensación de que dicho comentario no pasa de ser una excusa para hablar con libertad y a sus anchas del tema de la oración. O de otros temas como la eucaristía: el mismo comentario a la petición del ‘pan’ se convierte en una excusa para hablar precisamente de la eucaristía
(caps. 33-35 de Camino).

5. LECTURA EXISTENCIAL Y EFECTOS

La Certeza de la Fe

Y es que Teresa da testimonio en cada página por ella escrita. La certeza de la fe que hoy buscan algunos, no se conserva mediante ideologías, formulaciones rígidas y normas precisas y estrechas, sino por la experiencia de la oración, la vida sacramental. Teresa, en vez de explicar, discutir o aclarar y comprenderlo todo, nos testimonia,anuncia, contagia, confiesa, agradece el don del amor de Dios, de la verdad. Canta las misericordias del Señor con su manera de estar en el mundo, de confesarla por la conversión de corazón (C. Kaufmann).
 
“Ella se pone a hablar, no a esculpir máximas para la posteridad, pero lo hace con una voz tan fresca y femenina, que se impone sólo por la belleza de sus conceptos y de sus emociones y a uno se le hace más grande el corazón, se le abren muchas puertas que no sabía que existían. […] Sus escritos surten un efecto liberador. De repente el mundo se convierte en un medio, no en fin, para crecer en amor, para ser más y tener menos, para que el alma eche a volar encendida en amor y en alegría de vivir para embellecerlo. Por eso es una santa alegre, como lo son sus carmelitas” (Jesús Cotta).
 
Precisamente, en los capítulos 36 al 42 de Camino (por donde discurren temas como la honra, oración, tentaciones diversas...), vamos a encontrar lo que podríamos llamar los efectos de la contemplación. Y entre todos los ‘efectos’, el del perdón (cf. especialmente el capítulo 36) y la capacidad para perdonar, es sin duda el más significativo, y sobre el que machaconamente vuelve Teresa.
 
El contemplativo puede tener otras ‘faltas e imperfecciones’, pero, según nuestra mística, nunca la de no perdonar, “con ésta [falta] no he visto ninguna [persona contemplativa]”. E insiste Teresa más adelante: El contemplativo, mire en sí cómo van creciendo estos efectos; y si no viere en sí ninguno, témase mucho y no crea que esos regalos son de Dios (C 36, 13).
 
En fin, la verdadera oración o experiencia mística se mide y autentica en sus efectos. Es esta la clave a la que continuamente apelan los místicos. Pues si dicha experiencia tiene que ver con Dios, dirá Teresa, “no hay que temer; consigo trae humildad” (C 17,3). Y así, “si el deseo fuera de Dios, no le hiciere mal: trae consigo la luz y la discreción y la medida” (C 19,13). De Dios, que por su propia naturaleza es amor y positividad pura, sólo puede venir positividad y amor. O en la lista abierta que nos ha dejado Teresa: humildad, luz, discreción, medida, afabilidad… Y ante todo perdón. Sobre todo perdón. Lo más divino de Dios. Lo más humano del hombre.
 
1 Para esto tema, ningún estudio mejor que el de T. EGIDO, “Ambiente histórico”, en: Introducción a la lectura de Santa Teresa, Madrid: EDE, 2002, pp. 63-155. No deje de leerse la queja más apasionada (y resentida) de Teresa en defensa de las mujeres, en la primera redacción, CE 4,1, auténtico ‘manifiesto’ de feminismo precoz, como atinadamente ha señalado el mismo Egido.