¡Flor del Carmelo!

      Lo primero que tenemos que decir es que la devoción mariana es un elemento arraigado en la Orden desde sus primeros momentos; ya el capítulo de Montpellier, 1924, se afirmaba que  «invocamos la ayuda de Dios que nos concede todo abundantemente sin demora; imploramos la intercesión de la Santísima Virgen María, madre de Jesús, en cuyo obsequio y honor fue fundada nuestra Orden del Monte Carmelo».De alguna manera el carácter mariano de la Orden del Carmen queda expresado en el título que los propios carmelitas se van a dar «hermanos de la bienaventurada Virgen María», para ellos la Virgen es la Señora del lugar en donde ellos viven y a la que dedican el oratorio que preside su eremitorio. De hecho en las leyendas carmelitas expresan esta conciencia de ser la Señora del lugar con una leyenda según la cual los carmelitas habrían construido una capilla en honor de Elías, donde el profeta vio la nube que subía del mar, símbolo de la Virgen. Dos testimonios de la primera mitad del siglo XIII, dan testimonio de lo que acabamos de decir: Felipe Busserio, habla no de una iglesia o capilla de la Virgen, sino de un momento de la Virgen:«Dos millas mas allá el monasterio de San Juan de Tiro. Dos millas mas allá el monasterio de Santa María del Carmelo, lugar hermoso y ameno, situado entre los montes, donde los hermanos latinos llevan una vida de penitencia». «Los caminos y los peregrinos de Tierra Santa», 1230: «Después del Monasterio de Santa Margarita, en la ladera de esta misma montaña, hay un lugar muy hermoso y agradable, donde viven los hermanos latinos llamados hermanos carmelitas, los cuales tienen un pequeña y hermosa iglesia de la Virgen».

María, la Señora del lugar, la patrona

   María para los primeros ermitaños del monte Carmelo es la Señora del lugar que por oficio tiene la de proteger a aquellos que buscan su amparo. De hecho ellos, en el sentido medieval del vasallaje, se sienten propiedad personal de María, a la que deben servir e imitar y por la que, como buena Señora, se sentían defendidos y amparados. Por eso, como era costumbre en el mundo medieval, toman el nombre de la persona bajo cuyo patronazgo viven, toman el nombre de la persona bajo cuyo patronazgo viven. Toman de ella el título que dan a la Orden «Hermanos de la Bienaventurada Virgen María». Distintos testimonios de los siglos XII-XV, nos hablan de esto que acabamos de decir:  Guillermo de Sandwich, habla de que los ermitaños del Carmelo, «oraban humildemente a la Virgen María, su patrona». Y en la «Institución de los primitivos monjes» se nos dice, idealizando aquellos primeros momentos de los ermitaños del Carmelo que «determinaron elegir por patrona a esta virgen especial». La institución presenta el oratorio del Carmelo como el centro de la vida de los primeros carmelitas y la causa del título mariano por el que son conocidos los Carmelitas.

   Del monte, en donde iniciaron su vida, de la capilla dedicada a la Virgen recibe la Orden su nombre «Ermitaños del Monte Carmelo», como les denomina el Patriarca Alberto cuando les da la Regla, «Ermitaños de Santa María del Monte Carmelo», como se les denomina hacia 1220, «Hermanos de la Bienaventurada María del Monte Carmelo», como serán conocidos cuando lleguen a Europa, «Hermanos de la Bienaventurada y siempre Virgen María del Monte Carmelo», como se denominará a la Orden a partir de 1475.

   Aunque como hemos visto, aunque se vive y se habla del patronazgo de María sobre la Orden, oficialmente éste no aparecerá hasta el capítulo general de Piacenza, Italia, de 1575, cuando se define a la Bienaventurada Virgen María, «Madre de Dios, Señora del Carmelo».

Hermanos de la Virgen

   Otra forma de expresar la devoción Mariana que tuvieron los carmelitas de los primeros siglos fue la de llamar a María Hermana, y lo justificaban porque, en función del voto de castidad, los carmelitas llevaban un estilo de vida consagrados a Dios muy semejante al de María. De hecho las leyendas medievales, con las que los Carmelitas tratan de explicar su tradición mariana, recogidas en la obra «La institución de los primeros monjes», dicen que «aun viviendo los apóstoles, los carmelitas llamaban a la Virgen María su hermana».

   Aquellos Carmelitas, que en un primer momento sólo llevaban el nombre de hermanos carmelitas para distinguirse de un grupo de monjes griegos que habitaban en las laderas del Carmelo, pronto se dieron el nombre de hermanos de Santa María, en cuanto ella era titular del oratorio que allí habían levantado. Pronto se darán cuenta que lo mismo que María había vivido la regla del evangelio de obediencia y pobreza, y las prescripciones de los apóstoles de silencio, oración abstinencia, trabajo manual, deben hacer los carmelitas. El carmelita catalán Felipe Ribot, en su obra «Institución de los primitivos monjes», reconoce que los carmelitas son hermanos de María por la semejanza de vida en lo que se refiere a la pureza o virginidad. Al considerar a los carmelitas como hermanos de la Virgen les anima a ver en ella una verdadera carmelita. Como podemos ver los autores carmelitanos justifican este título porque la orden tiene, lleva un estilo de vida a imitación de María, caracterizado por la virginidad, la sencillez, el recogimiento y la oración.

   María es para el carmelita modelo de vida por su obediencia al proyecto salvífico de Dios, por ello el carmelita, como pedía la regla, buscaba «vivir en obsequio de Jesucristo, sirviéndole lealmente con corazón puro y bueno conciencia». Era María, para aquellos carmelitas, modelo del orante, pues como ella, desde el silencio, y rumiando en su interior la Palabra de Dios, buscaban el trato amoroso con Dios, su voluntad, y se abrían generosamente a colaborar en sus planes dándole un sí generoso como fue el de María, que desde la fe dijo: «hágase en mí tu voluntad», no en vano una de las características de la vida carmelitana, tal y como queda expresado en la Regla, es «velar en oración».

María Madre del Carmelo

   La Piedad mariana del Carmelo va a evolucionar desde el carácter feudal que lleva a considerar a la Virgen como patrona o señora, muy propia del contexto en que nace la Orden en Tierra Santa en plena época de las cruzadas, finales del siglo XII, comienzos del siglo XIII, a una actitud filial que lleva a considerar a María como madre. De hecho será en el siglo XIV cuando, al hablar de la ejemplaridad de María, aparezca esta devoción a María como Madre. Parece ser que fue en un capítulo de la provincia carmelitana de Lombardía de 1333 donde por primera vez se afirma que María es la madre de la orden carmelita. A partir de este momento y en este final del siglo XIV y a lo largo del siglo XV nos encontramos con una serie de documentos y autores carmelitanos que nos habla de María como «madre amable» (himno Flos Carmeli). «fuente de misericordia nuestra madre» (Juan de Cheminet). «La madre del Carmelo y de los carmelitas, a los que ama con amor tierno, los defiende como a sus propios y únicos hijos, los ilumina con su luz; en ella tienen su fortaleza, su esperanza y su refugio» (Arnaldo Bostio). En 1499 cuando aparece el escudo del Carmen lleva la leyenda «soy la madre y la hermosura del Carmelo».

   Aquellos carmelitas vivían la maternidad de María atribuyéndola al origen de la Orden. El Carmelo es fruto de la colaboración misteriosa de María. «Cooperando con el Espíritu Santo que engendró a Cristo, el hijo de Dios, y puso en el mundo la sagrada Orden de la bienaventurada María del Monte Carmelo», y la perpetuidad de la misma (este es el sentido de una de las historias piadosas de la Orden la promesa de la Virgen a San Pedro Tomás, a quien según la leyenda se le apareció la Virgen, vestida de Carmelita diciéndole: «confía, Pedro, que la religión del Carmelo durará hasta la consumación de los siglos. Esta gracia la alcanzó de mi divino Hijo Elías, su fundador».